LA EDUCACIÓN JESUITA - A los educadores
P. General Adolfo Nicolás SJ

La Compañía de Jesús sigue muy comprometida con la educación. En algunas visitas me preguntan, casi dudando si los jesuitas seguimos considerando la educción tan importante como la hemos considerado en el pasado. No hay ninguna duda, nosotros seguimos comprometidos con la educación.

Al hablar o al reflexionar sobre la educación jesuítica, hay que pensar enseguida en objetivos y fines. Los objetivos desde el principio están claros, y son al mismo tiempo, fluidos. Son objetivos que se van adaptando a las situaciones nuevas con las que nos encontramos. El objetivo principal es: buena educación. No solamente educación. No basta con ir al colegio, hace falta capacidad para aprender y para crecer. No pretendemos simplemente aumentar el número de colegios para ponernos una medalla con más números, sino que se trata de formar personas, de ayudar a personas a crecer. Y eso supone calidad. La Compañía de Jesús ha siempre pretendido, no solamente excelencia, sino ayudar realmente a las personas a crecer y a crecer de una manera orgánica.

En armonía con lo que dice el Santo Padre Benedicto XVI, buscamos la capacidad de acercarse a la verdad con fundamento, con profundidad. Estamos en un tiempo en el que el acceso a la verdad se está haciendo cada vez más difícil, Google no nos da ninguna garantía de darnos la verdad. Google tiene un proceso por el cual nos dice cuáles son las páginas más buscadas, pero no las más verdaderas. No tienen modo de presentar eso. Por lo tanto, estamos en un mundo en el que nuestros jóvenes están expuestos a un mar de información sin ayuda alguna para descubrir y juzgar si ahí hay verdad o no. En México, en la reunión de universidades, se hablaba de la globalización de la superficialidad. Información sin digerir, información sin criterios para la búsqueda de la verdad, se puede convertir en superficialidad extendida. Nosotros creemos que la educación puede ayudar a que, al menos nuestros estudiantes, tengan capacidad para encontrar un poco más de verdad.

Antes he dicho que hay una palabra ambigua y peligrosa que es la palabra “excelencia”. Sin embargo, sigue siendo una palabra que forma parte de nuestro sistema de educación. Buscamos calidad, pero buscamos una calidad de excelencia. En el campo humano. En el campo cristiano. En el campo de los valores. En el campo de la fe. Y en el campo del desarrollo de la personalidad. No necesariamente excelencia comercial, aunque se puede dar. Buscamos excelencia humana. Excelencia académica. Excelencia también espiritual y religiosa.

Estoy convencido, y más convencido todavía después de trabajar cuatro años con inmigrantes en Tokio. Todos los humanos tenemos tres cosas en las que todos somos iguales: todos sufrimos, todos amamos y todos crecemos. Y la educación, precisamente, espero que ayude a nuestros estudiantes a luchar para reducir el sufrimiento, para aprender a amar y para crecer. Es en esta lucha contra el sufrimiento, en esta lucha por aprender un amor más profundo, que crecemos todos, tanto el educador como el educando. Ahí es donde buscamos la excelencia: excelencia en sentimientos, excelencia en integración de la persona, excelencia en responsabilidad frente a la sociedad en la que estamos.

Aparte de los objetivos de la educación jesuítica, yo diría hay también orientaciones básicas que nos dicen cómo se da la educación en un joven o una joven que están creciendo ahora y estas orientaciones básicas yo las resumiría en cuatro factores:

1.- Libertad

Educación en libertad, primero. Una de las cosas que tenemos que aprender, quizá a través de la educación, es cómo educar a la libertad. Cómo educar a una persona a hacer elecciones, no porque los demás lo dicen, sino porque su corazón se lo dice. Toda la espiritualidad ignaciana está fundada principalmente en esta atención al corazón. Porque en el corazón es donde trabaja Dios, en el corazón es donde la fe echa raíces y en el corazón es donde encontramos la respuesta a las preguntas más importantes. Entonces, ¿cómo educar hoy día a los jóvenes que vienen a nuestros colegios para que sean sensibles a esta música interior y puedan llegar a decisiones?

La única manera es educar en libertad. Aprender a entender la realidad y sabiendo que parte de la realidad es una serie de lecciones en las que nosotros nos definimos y definimos los valores en los que estamos viviendo o a los que aspiramos. Decisión que no sea en libertad, es una decisión floja. ¿Quién puede imponer al amor a otra persona? Si no es libre, no vale la pena. Como decía un gurú indio jesuita, “si alguien después de misa viene a mí y me dice: “Padre, le acepto y lo quiero porque en la homilía usted ha hablado del amor y tal y yo creo que mi obligación como cristiano es quererle”. Eso me da frío. Yo prefiero que me lo digan antes de la misa, que me digan: “Padre usted me gusta y me gusta cómo piensa, y me gusta cómo habla” porque si me lo dicen antes de la misa es espontáneo, es verdad. Si me lo dicen después, como obligación, nunca sabré si es verdad”. O sea si queremos cristianos serios, ciudadanos comprometidos de verdad, tienen que ser ciudadanos que les salga de adentro. Y ahí es donde la libertad entra.

2.- Interacción con otros

Otra orientación de nuestra educación es que se da mediante la interacción de unos con otros. No se educa una persona sola, sin relaciones con los demás. Las relaciones nos hacen, y todos nosotros somos un nudo de relaciones. Si pienso en quién ha influido en mi vida, pienso en todas las personas con las que yo he tenido una relación: mis padres, mis hermanos, amigos, profesores. Es a través de la interacción que nos hacemos personas. No hay otro camino.

En México conté el ejemplo, y lo puedo repetir ahora. Hay un programa de televisión en Japón negocios o del mundo del show business, cantantes o gente muy famosa. Se enteran, periodísticamente, de quién es la persona que más ha influido en su vida, entonces la buscan y en la televisión, en el escenario, se produce el encuentro. A lo mejor no se habían encontrado en cuarenta años y se encuentran, y es un programa muy emocionante que atrae muchísimo al público.

Bueno pues, la mayoría de los casos, casi el 95 por ciento de los casos, son maestros de escuela, o profesores de colegio, de primaria o secundaria. Son las personas que más han influido en toda la vida de una persona. Es impresionante porque es un patrón constante, un modelo constante. La persona que más ha influido en una persona es el maestro de escuela o esa maestra que en un momento de crisis al niño le puso de pie y le dijo: “camina para adelante”.

Y el niño dijo “yo quiero ser como ese maestro, yo quiero ser como esa persona, yo quiero ser como ese que me ha ayudado en un momento crítico”. Y ya toda la vida está determinada por esa dirección.

3.- Visión Universal

Otra orientación de la educación de la Compañía es la orientación universalista. La Compañía ha sido, como el Cristianismo, desde el principio, universalista. No hay países. Si nos hemos dividido en provincias, de manera que está la provincia del Perú, la provincia de Bolivia, la provincia de Argentina, la provincia de Brasil, ha sido por razones prácticas. La visión no se divide nunca. La visión es universalista. La educación jesuítica insiste y lleva a una visión universalista del mundo. El director de la Universidad del Pacífico ha tomado eso como eslogan: “Preparamos empresarios para el mundo”. No solamente para esta ciudad, no solamente para este país, sino para todo el mundo. Esta es la visión de la Compañía de Jesús y esa es la visión también de nuestra educación.

Queremos educar personas que no se escapen de su país porque su país tiene pobreza, sino que contribuyan a su país para que supere la pobreza. Y que eso cree un modelo que se pueda replicar también a otros países. Es una visión mundial la que nos interesa.

4.- Visión Histórica

Y por último, con una cisión clara de la historia. En todos los colegios jesuíticos, por lo menos en el único en el que yo he estudiado en Madrid lo había, parte de la educación es la historia. La historia es sumamente importante porque nos ayuda a buscar profundidad, nos ayuda a juzgar dónde hubo profundidad y dónde no la hubo. Nos ayuda a ver cómo se buscó la verdad en otros tiempos y nos ayuda también a entender lo que es la humanidad. Esta mezcla de universalidad e historia son una gran ayuda para entender la persona humana en toda su riqueza. Porque la persona humana es variada, es distinta, es siempre nueva y la historia lo demuestra. La historia nos ayuda mucho y es muy bueno tener una visión universal para ver que los problemas se repiten con distintos colores. Tener una visión de la historia para ver que no estamos descubriendo la crisis, la crisis ha sido parte de la humanidad.

Una cosa que aprendí de un Obispo de Camboya, hace unos años, es que hay un símbolo para la educación. Este Obispo tomó este símbolo para su Diócesis y dice: “Todos los cristianos tienen que aprender de este símbolo”. Y el símbolo es ni más ni menos que la jirafa. – En la Inmaculada hay un zoológico pero no hay jirafas. Estuve buscando y no hay jirafas- ¿Por qué la jirafa? Porque la jirafa, entre los animales, es el animal que tiene el corazón más grande, porque tiene que enviar sangre a la cabeza, y la cabeza queda muy lejos. O sea tiene un corazón grande y tiene una visión de altura. Este símbolo me pareció un símbolo muy elocuente, yo lo he comunicado y todos se olvidan de todo lo que he dicho menos de la jirafa. O sea que ustedes también se pueden olvidar de todo y recordar la jirafa.